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| qué es la visión | |
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Concepto de problema visual El hecho de disponer de una buena agudeza visual; esto es, de una “buena vista”, no implica necesariamente la ausencia de trastornos. Aunque la visión borrosa es un signo indiscutible de anormalidad, también lo son otros síntomas y manifestaciones no vinculados a la pérdida de nitidez. Por ejemplo, una dificultad en calcular distancias, seguir objetos en movimiento o una lecto-escritura deficiente, pueden manifestarse en personas con una agudeza visual perfectamente normal. Incluso, podemos encontrar personas con una “vista” por debajo de la media, muy poco mejorable con ayudas ópticas, pero cuyas habilidades visuales están extremadamente potenciadas, pudiendo leer con pleno grado de comprensión, a una velocidad superior a lo considerado normal. El sistema visual del ser humano está “diseñado”
para un entorno de espacios abiertos y distancias largas, con una importante
amplitud y variabilidad de movimientos oculares. En cambio, nuestra
sociedad nos sitúa hoy en un entorno de espacios cerrados, distancias
cortas y movilidad ocular limitada. Para una parte importante de la población, sin embargo, la adaptación será perfecta para las distancias cortas a costa de renunciar a una buena vista de lejos, como es el caso de las personas con miopía. Para los demás, la carencia de mecanismos genéticos adecuados de adaptación, acabará generando molestias e ineficacia en la actividad visual próxima. Ciertamente, como sucede en otros ámbitos de las ciencias biosanitarias, existen varios criterios de valoración respecto a la influencia en el sistema visual de la herencia respecto al medio ambiente. Sin embargo, la tendencia más aceptada es la que intenta armonizar ambas corrientes de opinión, considerando el esquema visual como resultado de ambas y de su interacción con el desarrollo, evitando generalizar. La influencia genética, por ejemplo, es determinante en una miopía elevada y tan sólo condicionante en una miopía como la escolar, claramente favorecida por el entorno. En definitiva, una definición no restrictiva de problema visual se basaría en la incapacidad de respuesta del organismo a las demandas del entorno. Resulta obvio que una miopía de 14 dioptrías implica un desajuste entre las demandas y la respuesta, pero en otros casos el concepto de problema visual no es tan evidente. Una hipermetropía leve, por ejemplo, no tiene por qué considerarse como problemática y, de hecho, no lo es en tanto que es estadísticamente predominante en el conjunto de la población mundial. Pero esta misma hipermetropía, en un trabajador que se pase el día delante de un ordenador, podrá convertirse en una fuente de incomodidad y disminución del rendimiento laboral. En la valoración de los hechos y circunstancias
que dificultan una visión de calidad, pero en otro apartado distinto,
encontramos los problemas visuales patológicos; es decir, aquellos
debidos al daño o lesión de los ojos, vías ópticas
y/o áreas visuales del cerebro, así como aquellas patologías
sistémicas (generales del organismo) que cursan o desencadenan
una afectación visual. Aunque su incidencia, sobre el conjunto
de la población es menor respecto a los problemas visuales no
patológicos, no resta en absoluto su interés general,
en tanto que afectan directamente a la integridad del sistema. La patología
ocular también exige una concienciación política
y social sobre su prevención y detección temprana que,
en la actualidad, también entendemos como insuficiente.
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