La
visión y el niño
Todos nos habremos preguntado alguna vez: ¿cuáles
son las necesidades visuales de un niño?, ¿Son las
mismas que para un adulto?, ¿Qué habilidades son
más importantes en los niños? Todas estas preguntas
y tal vez algunas más han sido en algún momento
de nuestra vida tema de preocupación o inquietud. Pues
bien, vamos ha intentar responder a cada una de estas cuestiones
de forma clara y concisa. Sin embargo, antes de meternos en materia,
voy a realizar un pequeño resumen sobre la evolución
de la visión infantil.
En los neonatos, el sistema visual no está
totalmente desarrollado, aunque existe una pre-organización
del córtex visual y de los foto-receptores retinianos.
Así pues, la agudeza visual (AV) en los recién
nacidos es muy baja. Esta agudeza visual, a medida que el niño
crece y se desarrolla, también aumenta, ya que también
su sistema visual se desarrolla. Así, al mes de vida
es ya del doble, llegando a la AV del 100% - o unidad - (Medida
por medio de potenciales visuales evocados – PEV - ) a
los nueve meses de edad. Con otros test para medir la AV, como
por ejemplo la “E” de Snellen no podremos determinar
la máxima AV hasta los 6 años de edad aproximadamente.
Se considera que la retina infantil alcanza la madurez del adulto
entre los 6 y los 11 meses de edad, lo que concuerda con los
valores de agudeza visual obtenidos mediante los PEV.
Las necesidades visuales del niño dependerán básicamente
de su edad, ya que para cada edad, realizará unas actividades
específicas. Estas necesidades visuales irán desde
su entorno más próximo para los más pequeños
hasta entornos más lejanos para los mayores. Así,
en niños menores de 5 años, será fundamental
que tengan una visión similar entre ambos ojos, ausencia
de un defecto refractivo significativo (Miopía, hipermetropía,
astigmatismo), así como un perfecto alineamiento ocular.
De esta forma, el resto de las habilidades visuales podrán
desarrollarse sin impedimentos.
A partir de los 5 o los 6 años, cuando
la escolarización es obligatoria y el aprendizaje de
la lecto-escritura se hace fundamental para poder seguir un
correcto aprendizaje, las exigencias visuales aumentan con el
paso del tiempo y ya no basta con tener una agudeza visual del
100%. Así, todo lo relacionado con los procesos de cómo
se interpreta o procesa la información visual (Percepción
visual) se hacen fundamentales, para, por ejemplo, poder diferenciar
una letra de otra (Discriminación visual), identificar
un mismo símbolo escrito aunque cambie el tamaño
(Constancia de la forma visual) o recordar
uno o varios ítems visuales –
por ejemplo: letras – (Memoria visual).
Así, se hacen importantes las habilidades
de motilidad ocular, como el mantenimiento de la fijación
visual y los movimientos sacádicos y de seguimiento de
los ojos. Igualmente la visión del color es importante,
ya que a estas edades se trabaja mucho con códigos de
colores.
Para niños mayores, para los que la lectura
es fundamental ya que ya no se aprende a leer sino que se aprende
leyendo, tanto la motricidad ocular como los sistemas binocular
y acomodativo son fundamentales. Gracias a ellos, se puede conseguir
una buena eficacia, durante las prolongadas tareas en visión
próxima, a las que el niño se verá sometido.
Igualmente crecen las exigencias a otras distancias, por lo
que tener una agudeza visual acorde con las necesidades específicas
del niño, será fundamental para su buen desarrollo.
Por lo tanto, para los más mayores y adolescentes, tener
un sistema visual libre de disfunciones binoculares, ya sean
estrábicas o no, acomodativas u oculomotoras, así
como un buen procesamiento de la información visual (Percepción
visual) será indispensable para un buen rendimiento visual
y por ende, académico.
En la siguiente tabla, se exponen algunos de los signos y síntomas
más característicos de las distintas disfunciones
visuales que puede presentar un niño, así como
algunas de las posibles soluciones.