la visión en nuestra vida

Visión infantil
Visión en el adulto
Visión en la tercera edad
Ergonomía de la visión

Calidad de vida y ocio
Visión y cataratas
Visión y degeneración



Calidad de vida y ocio

Ver de forma correcta es del todo imprescindible para todos. La mejor manera de percibir el entorno es concretarla en imágenes, reconocer los objetos se hace imprescindible para el aprendizaje en la infancia y para el desarrollo de la adecuada evocación en la vejez.

En el proceso de paso de los años los seres humanos adquirimos una gran cantidad de habilidades en las que juega un papel preponderante la percepción. Las personas con graves limitaciones visuales deben desarrollar unas alternativas que puedan sorprender a todos aquellos que no las padecen. Para cualquiera de nosotros la oscuridad supone una grave agresión, nos desconcierta y nos deja inermes ante nuestro entorno, cuando la luz deja de iluminar los espacios de nuestro entorno nos invade una desazón que nos impulsa a buscar una forma alternativa que nos permita distinguir los contornos de los objetos, las sombras y nos permita situarnos en el espacio y situar a las personas con las que compartimos el recinto, oscuridad es sinónimo de miedo para los que estamos acostumbrados a ver, los invidentes viven en ella de manera permanente y, aunque el ser humano tiene una enorme capacidad de adaptación, carecer de visión supone un handicap de difícil superación que, en todo caso, requiere emplear mucha energía y dedicación para hacerlo.

No sería acertado afirmar que para los invidentes resulta difícil acceder a un ocio gratificante ya que muchos de ellos lo consiguen, lo que resulta innegable es que deben hacer frente a una cantidad considerable de limitaciones. El principal apoyo en el que sustentan la capacidad de adaptación a su vida cotidiana por parte de las personas con graves limitaciones visuales es la capacidad para aprender, para introducir nuevos criterios, nuevas respuestas instintivas, nuevas formas de orientarse. Desde la psicología sabemos que con el paso del tiempo el ser humano va perdiendo la capacidad para aprender, no es que desaparezca, podemos afirmar que se puede aprender a lo largo de toda una vida pero la dificultad para hacerlo se incrementa con la progresión de la edad y lo es mucho más cuando más nuevo es el material que se requiere conocer. De ahí podemos efectuar una primera conclusión: La pérdida de la visión en forma considerable es tanto más limitadora cuanto más avanzada sea la edad de la persona afectada. De ellos se desprende de que, si siempre es fundamental la adecuada atención preventiva de la visión, lo es aún más en las personas de edad.


En la atención a las personas de edad avanzada los educadores aconsejan no modificar el mobiliario de los hogares con el fin de facilitar la persistencia de los hábitos, que a cierta edad se convierten en elementos fundamentales para su seguridad personal, si ello ocurre en las personas con una visión con las simples limitaciones de la edad, cuando más sucede si la visión está gravemente alterada. Ver es fundamental y ver lo que les es habitual supone un aporte de seguridad inestimable.

El ocio se convierte en la actividad fundamental en las personas de la tercera edad, se trata además de una fuente de goce. Tan sólo acompañada por el que produce la vida afectiva, los sentimientos percibidos en los seres próximos tienen que ver con la percepción visual, en la medida que las manifestaciones de afecto llegan con mucha más nitidez a través de la contemplación que a través de cualquier otro sentido. Cuando empieza a costar dar sentido a las palabras y entender los giros lingüísticos utilizados en los más jóvenes, un anciano percibe el rictus de una mirada, el sentido de una mirada, la contemplación de un nieto que da los primeros pasos. La percepción visual de los seres queridos aporta un elevado grado de seguridad. La mejor manera de percibir el afecto de los demás es a través del significado que es posible dar a una mirada o a un gesto, el lenguaje gestual se convierte en la principal forma de comunicación en las personas mayores. Desde la mirada se obtienen las principales fuentes de felicidad basada en la afectividad.

Tenemos pues una nueva conclusión: La visión facilita la vida afectiva.
El ocio, sin embargo, no se limita al ámbito familiar ni se desarrolla únicamente en los planos afectivos, se amplia a las relaciones objetales y a los contactos personales que, aún que no estén despojados de afectividad, esta no es elemento fundamental de la relación. En el ocio se comparten actividades en las que llega a ser más importante "lo que se hace" que "con quien se hace". En la medida que la actividad resulta gratificante y la persona o las personas con las que se comparte se convierten en cómplices, suele aparecer un vínculo afectivo que llega a ser más importante que la actividad desarrollada.

El proceso de encuentro con "el otro", de reconocimiento del "otro" y la incorporación del mismo en el mapa de afectos personales juega un papel preponderante la visión. A través de ella el conocimiento se facilita y la familiaridad se hace mucho más fácil. Ello acontece cuanto más si la persona no ha sido invidente durante toda su vida o no lo ha sido antes de envejecer. Los que perdieron la visión de jóvenes o los que nunca la tuvieron aprendieron a desarrollar otros estímulos facilitadores del establecimiento de relaciones. Tenemos pues una nueva conclusión: "La Visión facilita la ampliación del entorno afectivo".
No debemos olvidar que se me ha propuesto tratar del ocio en las personas de la denominada tercera edad y del papel que juega la visión en el mismo. Para ello, debemos dedicar un espacio a las actividades que son más comunes en las personas mayores a la hora de desarrollar su ocio.
El ocio se concreta en las actividades que desarrollamos en nuestro tiempo libre, son precisamente las personas mayores las que de más tiempo disponen y, justamente por ello, el ocio ocupa un lugar preferente a la hora de valorar los aspectos que más felicidad nos pueden aportar. No sería correcto afirmar que "todo el tiempo" de una persona mayor se convierte en un espacio de ocio, atender a sus necesidades personales, su higiene o la atención de su hogar, no son vividas como actividades ociosas y, como quiera que estas edades se desarrollan con más lentitud el tiempo para el ocio queda reducido. Si, por la causa que sea, existe una pérdida de la visión los cuidados personales y del hogar se alargan considerablemente reduciendo o eliminando espacios de tiempo para dedicarlos al ocio. Concluimos: "La pérdida de visión disminuye o anula la disponibilidad del tiempo para el ocio"

Centrados ya en lo que hace un anciano o una anciana en sus espacios de ocio nos daremos cuenta que la visión es esencial para poder desarrollar la gran mayoría de actividades que son propias de estas circunstancias. Las actividades ociosas podemos distinguirlas en dos tipos: las pasivas, el ocio se nutre de la capacidad contemplativa: ver televisión, escuchar la radio, acudir a un espectáculo deportivo, cine, teatro, etc. Es de fácil deducción que para la mayoría de estas actividades es fundamental ver. Otras actividades, dicho sea de paso más recomendables tienen carácter activo , el desarrollo de una actividad es el centro del ocio aunque se obtengan otro tipo de gratificaciones indirectas como puedan ser el contacto con otras personas, la competición o el espíritu de superación. Un superficial análisis de lo que suelen hacer los ancianos en su tiempo de ocio nos permite darnos cuenta que la visión es sentido necesario para su desarrollo: Jugar a cartas, pasear y contemplar las actividades de los demás, trabajos manuales más o menos complejos según la preparación previa, coleccionismo. En el caso de las señoras podemos añadir, hacer punto en sus diversas modalidades, coser, cocinar platos especiales según sus habilidades previas y otras. Vemos pues que en la mayoría de actividades con las que los ancianos llenan sus espacios de ocio la visión es imprescindible.

Todo ello nos llevaría a creer que un anciano sin visión está condenado a no poder gozar de su ocio. No es así, que sea necesario o muy conveniente no quiere decir que sea imprescindible, conozco ancianos que han perdido su capacidad de ver y se han adaptado a su nueva condición con espíritu de superación y tenacidad. Conozco también a ancianos que a pesar de ver sin dificultades viven amargamente su edad y han perdido toda su capacidad de gozar. Si bien es cierto que la visión es muy importante lo es mucho más el espíritu con el que cada cual afronta su realidad. Al fin y al cabo la actitud fundamental de todo ocio es la relación interpersonal, la conversación y la tertulia, para ello es mucho más importante el ánimo que cualquiera otra condición.


Autor: Joan Corbella i Roig
Psiquiatra (Universitat de Barcelona)
Profesor de l´Escola Professional de Psiquiatría de esta universidad