Visión del color
El color es importante para
la detección de objetos y patrones que de otra manera
no se verían, ya que en las escenas naturales los gradientes
de energía luminosa a menudo son pequeños. Así,
el color sirve para realzar el contraste y poder distinguir
un objeto de su fondo, gracias a las diferencias entre la longitud
de onda de la luz reflejada por el objeto y la reflejada por
el fondo.
La visión del color ha evolucionado a
partir de la simple percepción de la claridad, evidenciándose
su superioridad en el hecho de que sólo se pueden discriminar
500 niveles de claridad mientras que se pueden discriminar más
de 7 millones de gradaciones de color, si se varía la
intensidad y la saturación o proporción de blanco
de unos 150 colores entre 380 y 700 nm.
La percepción del color depende tanto
de las longitudes de onda de luz que refleja la superficie del
objeto, como de la composición espectral de la fuente
de iluminación, que puede variar considerablemente en
el tiempo y de un lugar a otro, del área circundante
al objeto y del estado de adaptación del observador.
La capacidad del sistema visual para compensar todas estas variaciones,
de modo que los objetos parezcan tener el mismo color, se conoce
como constancia del color.
Mecanismos de la visión
de los colores
En el siglo XIX Young (1773) propuso que la visión del
color era posible por la estimulación de sólo
tres receptores cromáticos basándose en las experiencias
sobre mezclas aditivas de colores y también en que era
improbable que la retina contuviera tantos fotorreceptores como
tonos. Esta teoría fue desarrollada posteriormente por
Helmholtz (1821) que consideró tres mecanismos o receptores
retinianos con sensibilidades espectrales solapadas, cada uno
con una respuesta máxima en una posición espectral
diferente y proporcional a la intensidad del estímulo.
El color se codificaría por comparación de la
actividad en los tres mecanismos. Esta teoría se conoció
como teoría tricromática de Young-Helmholtz y
en su momento estuvo ampliamente aceptada ya que los experimentos
psicofísicos de igualaciones de colores realizados por
Maxwell (1831) demostraron que la mayoría de los colores
de la naturaleza se podían obtener mediante la mezcla
aditiva de tres colores primarios en proporciones diferentes.
Sin embargo, la existencia de las tres clases de fotorreceptores
con sensibilidades espectrales diferentes pero solapadas no
fue confirmada hasta más de 100 años después
(Brown y Wald, 1964). Así, existen conos sensibles a
longitudes de onda corta (C), conos sensibles a longitudes de
onda media (M) y conos sensibles a longitudes de onda larga
(L)
Por otra parte y teniendo en cuenta la naturaleza
complementaria de los cuatro primarios psicológicos,
rojo, verde, amarillo y azul, Ewald Hering (1870) propuso que
la visión del color era debida a tres mecanismos o canales,
rojo-verde, amarillo-azul, y blanco-negro o mecanismo de luminosidad,
cada uno de los cuales respondía de una manera oponente
o antagonista. Esta teoría se conoció como la
teoría oponente de la visión del color de Hering,
y durante mucho tiempo no se aceptó porque no existía
una base fisiológica que la soportará. Sin embargo,
actualmente se sabe que la oponencia de color juega un papel
importante en el procesamiento de la información del
color. Así, los estudios psicofísicos realizados
en 1957 por Hurvich y Jameson determinaron la sensibilidad espectral
de los canales oponentes rojo-verde y amarillo-azul y DeValois
et al. (1966) demostraron que las células del núcleo
geniculado lateral del macaco tienen oponencia cromática.
Las dos teorías se unieron en la teoría
zonal, propuesta originalmente por Donders en 1881. De tal manera
que la teoría tricromática de Young-Helmholtz
explicaría el mecanismo de recepción y la teoría
de color-oponente de Hering explicaría como la señal
tricromática se procesa de manera oponente. Las señales
de los conos rojos (L) y verdes (M) se oponen una a otra para
formar el canal oponente rojo-verde, y las señales de
los conos azules se oponen a la suma de las señales de
los conos rojos y verdes para formar el canal oponente azul-amarillo.
El canal de luminosidad o acromático es el resultado
de la suma de las señales de los conos rojos y verdes.
Trivariancia cromática
Un solo fotorreceptor no es suficiente para codificar el color,
porque la respuesta que éste daría a una determinada
longitud de onda sería la misma que a cualquier otra
simplemente cambiando la intensidad. En la visión monocromática
solo se pueden realizar discriminaciones basadas en la luminosidad,
y cuando dos longitudes de onda se vieran igualmente luminosas
no se podrían distinguir. La experiencia visual de estas
personas es similar a la visión normal en condiciones
de semioscuridad, que es acromática ya que depende totalmente
de los bastones.
La visión del color, por lo tanto, requiere al menos
dos tipos de fotorreceptores con sensibilidades espectrales
diferentes pero solapadas que transmitirían dos valores
de luminosidad para cada objeto. Comparando estos dos valores,
el cerebro podría distinguir colores. Sin embargo, para
un sujeto dicrómata, muchas combinaciones cromáticas
de objeto y fondo son invisibles. Sí un objeto refleja
luz de longitudes de onda de los dos extremos del espectro y
se observa sobre un fondo que refleja luz de la zona media del
espectro, sería invisible debido a que tanto el objeto
como el fondo producirían la misma respuesta en ambos
tipos de fotorreceptores. Estas ambigüedades se reducen
en gran medida en un sistema trivariante de tres fotorreceptores
y permite una mejor discriminación de color
Las personas tricrómatas, con una visión del color
normal, pueden igualar el color de una luz de cualquier composición
espectral combinando adecuadamente las proporciones de tres
colores primarios (azul, verde y rojo). Esta propiedad de la
visión del color, denominada trivariancia cromática
es la base de la televisión en color, que utiliza tres
tipos de fósforos para reconstruir todo el espectro de
colores percibidos.
Anomalías de
la visión del color
Las alteraciones de la percepción de los colores se denominan
discromatopsias y se clasifican según su etiología
en congénitas y adquiridas.
Las discromatopsias congénitas son anomalías que
se presentan desde el nacimiento, son de origen genético
y de carácter recesivo ligado al sexo. Se han identificado
los distintos genes que forman las proteínas de los pigmentos
visuales de los conos y están ubicados en el cromosoma
X en distintos "loci". Así, la mujer es transmisora
y clínicamente indemne por tener una dotación
cromosómica Xx y ser de carácter recesivo. En
Europa aproximadamente el 8% de los hombres padecen discromatopsias,
frente a solamente un 0,4% de las mujeres.
Las discromatopsias adquiridas se desarrollan
de forma secundaria a una enfermedad a un proceso tóxico
o a medicamentos. Mientras los defectos hereditarios permanecen
estables a lo largo de la vida y están presentes por
igual en los dos ojos, un defecto adquirido no es estable y
varía con la evolución del proceso patológico.
Además, frecuentemente se presentan solo en un ojo, por
lo que conviene hacer los tests de discromatopsias monocularmente.
Por otra parte, a lo largo de la vida de una persona la percepción
del color varía debido al envejecimiento de todas las
estructuras oculares implicadas.
Las discromatopsias se pueden
clasificar en dos grandes categorías dicrómatas
y tricrómatas anómalos. Los dicrómatas
carecen de uno de los tres fotopigmentos de los conos, que probablemente
se sustituye por uno de los fotopigmentos restantes. Se denominan
protanopes si carecen del pigmento sensible a longitudes de
onda largas (conos L), deuteranopes si carecen del pigmento
sensible a longitudes de onda media (conos M) y tritanopes si
carecen del pigmento sensible a longitudes de onda corta (conos
C). Los tricrómatas anómalos tienen los tres fotopigmentos,
pero el espectro de absorción de uno de ellos está
desplazado a una posición anómala, dando lugar
a una discriminación del color deficiente. Se clasifican
siguiendo el esquema anterior en: protanómalos, deuteranómalos
y tritanómalos. Las acromatopsias, en las que el paciente
es monocrómata son muy raras y están asociadas
a otros síntomas visuales serios.
En general los defectos protan y deutan (daltónicos)
son generalmente hereditarios y se conocen como defectos rojo-verde,
debido a que confunden los verdes con los rojos. Los defectos
tritan son típicamente adquiridos y se conocen como defectos
azul-amarillo porque confunden el azul-violeta con el amarillo.
Las tendencias a la confusión de colores por parte de
los tricrómatas anómalos son menos marcadas que
las realizadas por los dicrómatas.
Para solucionar algunas deficiencias en la visión del
color existen lentes tintadas, diferentes para cada ojo, que
modifican el espectro de absorción. Están diseñadas
para mejorar la discriminación de los colores que confunden
las personas con defectos rojo-verde, ya que añaden diferencias
en luminosidad o tono a algunos colores que de otra manera son
difíciles o imposibles de distinguir.
Por otra parte, en determinadas situaciones se produce una distorsión
de la visión del color, similar a la de estar mirando
a través de un filtro coloreado. Los sujetos dicen que
los objetos tienen un tinte coloreado o un halo. Después
de la extracción de una catarata frecuentemente aparece
esta cromatopsia, debido a que la catarata estaba absorbiendo
luz azul durante varios años y después de su extracción
la retina queda expuesta a una cantidad considerable de luz
azul de la que no tenía experiencia en mucho tiempo.
Esto resulta en una percepción azulada (cianopsia). Conforme
el sistema visual se adapta a la nueva distribución de
energía radiante, el defecto desaparece.